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  • El Vecino del 302!

LA HISTORIA DETRÁS DE UNA IMAGEN

Cada imagen tiene una historia, algo que se esconde y algo que es evidente a nuestros ojos, a nuestra mirada como narradores y creativos de la imagen. Cada decisión que tomamos frente a un plano, la luz, el color, el encuadre, es una decisión que termina desvelando el alma de lo que está al frente, esa emoción triste, melancólica, alegre, rutinaria o salvaje es lo que termina conectando la mirada del público, la mirada que permite que ese momento visual perdure en el tiempo o se olvide. 


La historia de esta foto es de 2014, en Hanoi, Vietnam, él tiene 25 años y está a unos cuantos días de casarse, ella tiene 16 y es su amante desde hace 1 año. Se conocieron en un centro comercial, él buscaba el anillo para pedirle matrimonio a su novia, ella entraba a cine con sus amigas. Fue amor a primera vista, de esos que te arrancan el corazón y no te das cuenta.


Se están despidiendo mientras estoy a unos metros tomándome un café y esperando capturar la esencia del adiós en el silencio que ambos se profesan en ese momento. No se dijeron una sola palabra, no se tocaron, él no lloró, ella aguantó la tristeza hasta que él la miró y se marchó para no verla jamás probablemente, aunque la va a arrastrar en su corazón para siempre. Ambos se marcharon sin darse cuenta que cautivaron mi mirada y mis sentimientos, el árbol, las flores, el lago al frente, todo hace parte de una despedida, de esas que jamás olvidamos, porque se convierten en un tatuaje narrativo que llevas en la piel de tu creatividad. Historias, antes que seres humanos, eso somos, historias, narrativas complejas e indescifrables, apasionadas y pervertidas, llenas de magia y dolor al mismo tiempo, de angustia y seguridad, de todo y de nada, historias simples y mundanas, pero que nos conectan de algún modo, nos hacen mirar y esperar, nos hacen suspirar.


Somos imagen, somos marca, somos un producto. Cuando caminamos, cuando hablamos, cuando lloramos, cuando compartimos con otros, cuando la soledad nos devora, cuando estamos al borde del precipicio y no saltamos, cuando creemos y sonreímos. Somos imagen que se convierte en historia y en emoción, luego en conexión, que es el gran propósito de toda imagen al final, transmitir, emocionar, vender.


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